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17 de noviembre de 2010

Un frío saúdo dende o outro lado

Estimado asasino:

Compráceme escribirche esta carta, a pesares de non saber se realmente chegará ás túas mans, porque sei que todo o que escriba nela borrarase da miña memoria dunha vez por todas. Todo o que aquí diga quedará gardado para sempre e xamais volverá aos meus tormentos, diso estou ben segura.

Para sorte para ti, ningún xuíz admitirá o meu testemuño como válido. A covardía fíxoche cravarme ese coitelo afiado polas costas co sixilo dun felino. Morrín ao instante cando no meu peito, á altura do corazón, comezou a manar sangue carmesí e caín ao chan. Así foi a túa saída da miña existencia.

Non sabes canto penso neses derradeiros segundos da miña vida. Eu estaba cociñando, coa radio ben alta mentres desafinaba cantando e movía as cadeiras. Lembro que estaba contenta porque recibira xa as notas da oposición e aprobáraa con moi boa cualificación; ese ía ser o comezo dunha nova vida, do paso de estudante a proletaria… ata que ti chegaches. Non sei se forzaches a porta ou algunha ventá, ou se simplemente tiñas a chave, pero lograches entrar, irromper na miña vida e rematar con ela. Canta incertidume!

Só me queda por dicir unha cousa: sei que fuches ti, David. Cando caín puiden albiscar uns ollos verdes reflectidos no aceiro da pota. Sei que non teño probas mellores ca esa, mais se aínda estivese viva pronunciaría ante os tribunais o teu nome, e de seguro que acertaría. Non sei que che pasou, pero hai un mes non me querías, non si? Deixáchesme desconsolada o día no que ti decidiches pór punto final á nosa relación. Entón por que agora, logo de deixarme, ao ver que son feliz con outro home, decides facerme desaparecer do mundo dunha forma tan cruel? Ignoro que especie de pracer che produciu acabar comigo. Os teus instintos sanguinarios puidéronte esta vez?

Cando pecho os ollos podo ver o teu rostro sempre medorento, a túa ollada tímida e as fazulas arroibándose coa mínima palabra. Síntoo, pero son incapaz de crer que es o mesmo ca daquela. Algunha maldade tivo que agromar no teu corazón para que fixeras iso, mudaches de persoa deixando como vestixio a fisonomía.

Xa non son quen de comprender os sentimentos dos seres humanos. Dende ese día, xa non.

Agora é tempo de dar un paso adiante e afrontar todo aquilo que me agarda ao outro lado.



Este es el relato que no envié al concurso Dillo a quen maltrata. Tenía cuatro escritos y, como sólo podía escoger tres, lo dejé fuera.

10 de octubre de 2010

Sin vuelta atrás

Querida Julie:

Siento que tengas que pasar por esto. No ha sido mi intención y te ruego que me perdones, pues nunca seré capaz de vivir en paz conmigo mismo si no lo haces.

A veces soy tan egoísta que sólo pienso en mí. No debería haberme acercado a ti aquel día en clase de matemáticas. Nunca debería haber aparecido en tu vida sin permiso. Has tenido conmigo más paciencia y cuidados de los que me merezco. Comprenderás que me maldiga por todas estas cosas.

Te agradezco muchísimo todo, desde tu presencia hasta tus lágrimas, pero esta vez va en serio. Me marcho. Nunca volverás a verme, sé que será lo mejor para ambos. La última despedida que tuvimos, la que se suponía que tenía que ser la última, no iba en serio. Ahí fui muy egoísta de nuevo, y te agradecería que borrases esa imagen de mí en tu cabeza, como yo nunca la daré borrado.

Te digo esto por escrito porque dudo que pudiese despedirme honradamente cara a cara. Quiero que sepas que has sido lo mejor que me ha pasado en esta vida. Sí, Julie, me importas mucho más que Bonnie. Me hubiera gustado que os hubieseis conocido en otro tiempo. Y entonces te elegiría a ti.

Desapareceré por el horizonte de tu vida como un arcoíris gris en un cielo tormentoso en menos tiempo del que te des cuenta. No mires nunca atrás, pues yo también haré acopio de fuerzas para abstenerme. Bórrame de tu vida para evitarte más sufrimientos de los que te he causado y ódiame como sólo un ser humano sabe hacer. Pero sólo recuerda que la vida es un tiempo efímero que no podemos derrochar con personas que nos hagan pasarlo mal.

Siempre tuyo,

Jackson


Este es un fragmento de una de mis novelas, la primera entera y larga que escribí, con sólo doce años;) No sé por qué pero me emocioné muchísimo al volver a leer este fragmento ayer.

8 de octubre de 2010

Atardecer


El viento silbaba esquivando los árboles del umbrío bosque, dejando tras de sí la caída de algunas hojas ya caducas. Ella permanecía sentada sobre el porche, contemplando cómo el sol se sumergía entre las montañas, salpicando la bóveda del cielo; exhalando su último aliento cegador. Se aferraba a la vista de aquella escena con absorción, ajena a todo aquello que le rodeaba.
Nunca pensé que llegaría a verla algún día con esa expresión de solemnidad mientras observaba lo que creía que era su último atardecer. Su largo y todavía sedoso cabello gris refulgía a la anaranjada luz y sus ojos neblinosos transmitían una sensación de desolación. A pesar de todo ello, sonreía. No mostraba los dientes al hacerlo, pero por sus comisuras podía sentirse fluir la tranquilidad, la expectación ante un nuevo fenómeno. Un cambio eterno en su vida.
El astro fue succionado por la tierra en cuestión de segundos, dejando un horizonte tachonado de nubosidades grises y naranjas. Ella cerró los ojos formando unas pronunciadas arrugas. Pude verla allí sentada, dormida, tan feliz de su trabajo en la vida que ya creía haber acabado su misión. Mas cuánto se equivocaba...

2 de octubre de 2010

Oxigenación


Hoy me duele respirar el mismo aire que esas personas crueles que nunca llegaré a comprender. Me asfixio entre mis propios suspiros exhalados y cuando inspiro el mismo aire que tú, siento náuseas. El oxígeno y el dióxido de carbono se apoderan de mí, me atenazan la garganta y siento mi corazón detenerse.

Despacito, muy despacito...
...con miedo a que llegue otra ráfaga de aire que avive su fuego interno.

Y...
Me miras.

Siento una ligera brisa correr por la habitación.

Se intensifica.

Y yo...
Siento mi corazón... en llamas.

Otra vez.

23 de septiembre de 2010

Los caminos de la vida


Un día me dijo un buen amigo: Todos los caminos en los que te internes a lo largo de tu vida, un día se volverán en tu contra. Ese día acabé afirmando que mi amigo estaba loco de atar, y no llegué a entender sus palabras hasta hace una semana.

Realmente, la vida es un ancho camino en el que nos internamos sin saber siquiera si tiene salida. Nos encontramos con otras almas errantes que nos enseñan, que nos forman poco a poco, para hacer de nuestra vida un…¿agradable fragmento de corta existencia? Del camino general de la vida, salen diversas ramas que se presentan ante ti en el momento menos esperado, exhortándote a elegirlos, por muy peligrosos y arriesgados que sean…Y a veces aceptamos, no porque no veamos su dificultad, sino porque ignoramos que puede haber finales más felices.

[...]


22 de septiembre de 2010

Maldita suerte


Los lamentos se oyen desde su cuarto. Ansía ir a ayudarla, pero se siente impotente. Esos gemidos ahogados que le llegan por lo bajo son de lo más escalofriante. Ansía postrarse frente a ella, abrazarla y consolarla, pero no tiene palabras. Teme quedarse en blanco delante de ella y hacerle ver que no hay esperanza ni solución posible con su doloroso silencio.

Todo cambia en esta vida. Un día eras feliz y al día siguiente, desgraciado; un día eras rico y otro, pobre; un día eras virgen y otro, violada… Ya había pasado la peor parte o estaba por venir? Adriá estaba seguro de que jamás se atreverían a volverla a mirar a los ojos ninguno de sus compañeros de clase, sólo sus compañeras la apoyarían en aquello.

Había pasado una mala noche, preocupado por ella, pero su noche había sido mucho peor que la de él. En la negrura sintió susurros entre los árboles del jardín, murmullos inquebrantables que a pesar de ser ininteligibles, decían cosas aterradoras; se burlaban de él. Las sombras se tragaban todo lo malo, ¿por que no hacían lo mismo con aquello?

Ella no había salido de la habitación en todo la noche, ni siquiera Adriá percibió movimiento alguno en su cuarto. Seguro que seguía tirada en la cama, encogida en posición fetal, tal y como él la había dejado. Casi la asesinan y aún le cuesta pensar en alivio y positivismo. En su corazón todo era escalofríos y terror… Pero estaba dispuesto a cambiarlo de una vez por todas.

16 de septiembre de 2010

Amas lo que odias


Eres completamente intangible.
Tu mirada fría y calculadora recorre todos y cada uno de los defectos.
Impresionan a los demás con tu arrogante sigilo propio de un felino.
No piensas moverte cuando alguien cae a tus pies.
¿Te atravesaría una bala el corazón o quizá rebotaría por la dureza que éste presenta?
No temas a nada.
Nada te teme a ti.
Duerme tranquilo, viaja en tu duermevela hasta que halles aquello de lo que careces, aquello sin lo que no puedes completar tu revestimiento.
Eres hermoso, ¿lo sabes?
Pero no te envidio.

14 de septiembre de 2010

Dichosa fotografía



Observar esa fotografía era como asomarse a un utópico mundo o a nuestro incierto pasado. Al contemplarla no podías dejar de contener el aliento, sobrecogida ante lo que te ofrecía. En ningún momento te detenías a pensar en lo que realmente era: un trozo de papel ajado y amarillento; porque para una persona que no lograra captar su verdadera esencia no significaría más que eso.

Curiosa la variedad de percepciones que podemos tener de un mismo objeto los humanos. Mientras un individuo enloquecía de sombro o gritaba con terror, otro no obtendría otra reacción más potente que rascarse la cabeza con indiferencia, o quizás ignorancia. Sin embargo, lo que yo sentía era, en parte, muy distinto. Observar esa fotografía, esa captura de un instante que jamás volvería a repetirse, esa análoga escena, me invadía de una intensa curiosidad. Ansiaba saber por qué... No, más bien ansiaba saber cómo se podía captar tanta felicidad en un segundo, en un pequeño trozo de papel mortal.

La fotografía representaba, en blanco y negro, a una pareja joven sobre un fondo campestre. Uno estaba frente al otro, sus cabezas casi rozándose y sus barbillas ligeramente erguidas apuntaban al cielo. Las comisuras de ambas bocas estaban entreabiertas, ostentando unas rectas y blancas filas de dientes. Sus ojos estaban entrecerrados y el largo cabello de la mujer ondeaba con el viento.

Ojalá supiera qué es lo que les pasa, por qué emanan tal cantidad de energía y otros sentimientos prohibidos que en nuestro tiempo son imposibles. Quiero saber cómo es posible hacer eso, cómo se disfrutaba de la vida en otros tiempos.

Lo único que puedo afirmar es que en la actualidad estamos haciendo algo mal. La tecnología y demás avances nos han hecho olvidar lo que era vivir la vida. Y lo peor es que no hay vuelta atrás.

Año 2996


9 de septiembre de 2010

Eran días de guerra


Los niños jugaban en el campo, ignorantes del mal que se asomaba a sus hombros, intentando hacerse ver por ellos, pero sus corazones eran tan puros e inocentes que lo hacían imposible.

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Eran días de guerra en los que el aire se respiraba en igual cantidad que la pólvora. El estridente sonido de las bombas perforaba el aire, seguido del reventar de tejados y chillidos desesperados. No existía un hogar ni el sinónimo que este conllevaba: la seguridad. El cielo había sido desteñido con el color de los corazones culpables de tanto mal, ahora era gris oscuro. Algunas personas hablaban del apocalipsis, otras menos optimistas recordaban que lo mejor era el suicidio. Madres se debatían entre lo mejor para sus vástagos: la muerte o la visión de tanta maldad y corrupción sobre el resto de sus vidas. Estaban de acuerdo en que aquello no era un existencia feliz, ni siquiera estaban seguros de que fuera realmente una existencia.

Pronto la humanidad entera dejaría de existir. Ganaría el enemigo. Sólo en el mundo, sin nadie con el que descargar su fuerza y poder. Empezaría a provocar guerras entre los suyos con la menor excusa que le atravesara la mente, ávidos de masacre. Entonces seguiría así hasta que ya no quedaran seres humanos sobre la tierra.

Nadie sabía cómo habían empezado, o quizás no querían recordarlo. Sólo tenían la certeza de que las personas que morían diariamente no tenían la culpa, y que los siguientes iban a ser ellos.

19 de agosto de 2010

Hoy la lluvia me ha traído tu recuerdo

Siempre me gustó el sonido de la lluvia. A pesar de que me llena de melancolía, me produce una extraña sensación de seguridad. La lluvia me enseñó a observar mejor la belleza de las cosas que de verdad importan.Escucharla me da a entender que todavía sigo con los pies en la tierra, que no me he evaporado entre mis pensamientos. Pero todo aquello que brinda la felicidad, también llega a producir tristeza: el constante sonido de la lluvia no es sino una perfecta sinfonía que trae consigo recuerdos y promesas quebrantadas.

Por las noches escucho cómo repiquetea hasta saciarse contra el cristal de la ventana y siento su llamada. Abro el ventanal y disfruto de su gélido tacto en los brazos. Salgo al jardín, extasiada, entregándome por completo a su alma, danzando... Mis lágrimas se confunden con la lluvia. Mi vestido se impregna de cuantas fragancias toca. Comienzo a dar vueltas, a girar, a girar y a girar... hasta que mis ojos no hacen distinciones entre el cielo y la tierra, arriba y abajo, y mis rodillas flaquean hasta que mi cabeza toca la hierba. Alzo la vista hacia arriba y observo el paraíso, mi paraíso. Las gotas de agua obligan a mis ojos a cerrarse entre cosquilleos. Rompo a reír como una demente sobre el húmedo césped, mi mente semejante a una centrifugadora.

Y eso es lo que me hace feliz. Me recuerda a ti. Trae a mi memoria aquellos momentos en los que aparecías de la nada con una de esas extrañas tarjetitas envueltas en un sobre de terciopelo perfumado; tu cabello mojado, como si vivieses en un universo de sempiternas lluvias... y sombras, como las que alojaba tu corazón. Te prometí que nunca te dejaría marchar y lo incumplí, te prometí que te protegería, pero mi simple cuerpo de mortal no pudo hacerlo. Pero aún sigue vigente la postrera promesa. Te prometí que no te olvidaría… y todavía no lo he hecho.

A veces no puedo evitar pensar que quizá no me dejaste del todo. En ocasiones me invade la sensación de que estás observándome mientras duermo, fuera de casa, en el invernadero o entre los árboles del bosque. Siento tus ojos plateados y gélidos desnudando mi piel con la mirada, pero cuando me doy la vuelta, cesan. Varias veces me he preguntado si realmente no te has visto con las suficientes fuerzas como para alejarte de mí y todavía sigues al acecho, retorciéndote de dolor, sintiendo el ansia y la impotencia ante no poder darme la mano. Si realmente eres tú, te rogaré por favor que dejes de hacerlo y me ayudes a cumplir mi juramento… A pesar de que me esté volviendo loca de soledad en el caserón, a pesar de que mis tardes transcurren interminables en el café de Nesa, a pesar de que nuestras plantas rechazan mis cuidados y cada día están más próximas a la muerte –ahora me percato de que eran tus mágicas manos las que le daban vida-, a pesar de ya nadie visita el cementerio y sus condenadas almas no paran de derramar lágrimas entre tus últimas flores, a pesar de que las lluvias no son lo mismo si no estás tú.

Las hojas comienzan a hacerme preguntas, susurros sobre el lugar al que te has ido… y yo me veo demasiado débil para ofrecerles una respuesta.

Nunca sabes lo que es la soledad hasta que alguien entra en tu vida por una puerta y se marcha por la otra.

Recuérdame como yo lo hago con tu mirada, tu olor, tus silencios…y tus hermosos versos.




Este sería el prólogo de una de mis novelas, una que estoy empezando. Por favor, comentad los fallos que veáis y vuestra sincera opinión.

11 de agosto de 2010

"Sinfonía de palabras peligrosas"


Se podía percibir su alma desde el fondo del pasillo. Su armonía, su cariño hacia el mundo que la rodeaba, su aplicación y destreza, su envidiable capacidad para disfrutar con todo lo que hacía. Se oían las subidas y bajadas del nivel de su corazón, sus pensamientos ora tranquilos, ora agitados; su descabellada reflexión sobre la vida. Incluso si ponías bien el oído, podías oír su codiciada sonrisa, irradiante de una pasión tan vital como abrumadora.

La oía desde el fondo del pasillo. Podía oír su respiración agitada de euforia mientras el sonido de sus traviesos cabellos se perdía entre su musical aroma, inclinando la cabeza hacia sus cimbreantes dedos, deslizándose por las teclas del piano…

Como si no fuese a haber una nueva aurora. Como si hoy fuese el día de cantarle al mundo sus más hermosos sentimientos.

Para decirle que no teme al paso del tiempo. Que no teme al mañana.


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Hoy tocaba algo escrito por mí ^^. Este microrrelato lo mandé a un concurso, pero ganó otro que envié (porque lo máximo era presentar dos). Le tengo mucho cariño, quizá por la imagen que tengo en la cabeza mientras lo escribía.

Juzgad sinceramente.

1 de agosto de 2010

Cuatro sueños que son sólo eso, sueños.



Shaira sueña con ser escritora. Anhela pensar en sentarse sobre un cómodo sillón de cuero frente a un escritorio de madera clara. Sobre él la esperarían una estilográfica de lo más refinada y un pergamino en blanco. Abriría su mente y se pasaría horas y horas escribiendo. Sus escritos aparecerían en los sueños de hombres y niños, serían comentados con admiración y venerados por las futuras generaciones. Desea compartir sus historias, su literatura, con todas las personas del mundo...

Essien quiere ser futbolista. Sueña con vestir la camiseta y el pantalón corto, las medias y las botas de tacos. Practica todos los días dándole patadas a una lata, dice que nunca va a dejar de perseguir su sueño. En su mente tiene grabado el momento en el que levantaría su primera copa de oro, las lágrimas fluyendo por sus mejillas. Se lo dedicaría a su familia, una recompensa por apoyarlo siempre hasta el final...

Niara fantasea con ser veterinaria. Su amor por los animales no tiene fronteras. Cada vez que encuentra uno moribundo lo lleva hasta su casa con el fin de curarlo. De mayor, se dice, lo curaré todo. Aunque no tiene dinero para poder comprar los utensilios, ella misma los fabrica con ramas, maderos, tela y hierbas, simulando tener la máxima experiencia con sus pacientes. Ése es su juego se todos los días...

Daouda lo tiene muy claro: quiere ser político. Quiere defender los derechos de todos los ciudadanos, quiere cambiar el mundo por completo, sentirse importante y arreglar todas las catástrofes, detener la violencia... Cada día practica hablando en público, dice que va a sacar a todo su pueblo de la pobreza. A pesar de que su gente le dice que los políticos son mala gente, él siempre dice que va a ser diferente...



Pero ninguno de ellos puede cumplir su sueño, simplemente porque nacieron en la parte del mundo esquivocada. Sus padres tienen fe en que quizá las cosas cambien, pero de momento parece que sus hijos sólo aspiran a intentar sobrevivir en unas tierras exentas de agua potable y alimento.
Qué realidad más triste y sobrecogedora.

14 de enero de 2010

Microrrelato



Sentado frente a la chimenea, dejó caer el papel entre las brasas. Observó la calcinación en silencio, reflejándose las llamas en su impenetrable mirada a la vez que una sonrisa rota asomaba a su rostro. Y esas palabras crueles y devastadoras que podrían cambiar el planeta con sólo una lectura, desaparecieron para siempre de nuestro mundo, internándose en otro orbe desconocido y lejano.



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Este es uno de mis microrrelatos, pero no se incluye entre los favoritos...porque es malo, entre otras cosas:)


P.D: Estos días estaré cambiando el blog un poquillo: la cabecera, la plantilla, etc...xD Que ya llevo 3 meses y medio de blog! Que se dice rápido...pero en ese tiempo he conseguido 43 seguidores, publicar 78 entradas y...250 comentarios!! Y todo gracias a vosotr@s^^

Saludos!

Alma Errante

26 de diciembre de 2009

Amigo Invisible Bloggero: Mi regalo

http://quepasariasi-nery.blogspot.com/2009/12/participo-en-el-1er-amigo-invisible.html#comments

Hoola Almas Errantes!!

Ayer fue 25 de Diciembre…y me siento estúpida al decir esto, pues supongo que todos lo sabréis de sobras ^-^ Y...ayer fue el amigo invisible bloggero organizado por xikitas, del blog: almaconarte.blogspot.com/ El caso es que ayer no tuve tiempo de publicar entrada, así que lo tengo que poner hoy...espero que me perdones...^o^

Pues bien, antes de nada, decir quién me tocó: **NeRy**, de http://quepasariasi-nery0.blogspot.com/. Espero que te guste mi regalo bloggero, porque la verdad es que no tuve mucho tiempo T__T. Te deseo una Feliz Navidad y un 2010 de fábula!! Besaazz0oss

El siguiente microrrelato lo escribí yo y va dedicado para ti:


"Dulce Navidad"

Era Nochebuena, los copos de nieve se arremolinaban en torno a la juguetería cual abejas en la miel. La estrecha calle estaba atestada de personas ajetreadas que, con expresiones de cansancio y estrés cinceladas en sus rostros enrojecidos, apuraban haciendo las últimas compras navideñas.

Pero él, escondido bajo su gorro de lana, sus pecas y su sonrojada nariz pegada al cristal, se sentía ajeno a todas aquellas vulgaridades de su alrededor. No le importaban ni lo más mínimo, pues su mirada no vivía para ello...Intuía que llevaba allí parado horas, y los dedos que asomaban al exterior en sus roídos guantes, empezaban a aterirse de frío.

Sus ojos recorrieron con un cariño casi táctil la estructura lacada del gran violín, el rey del escaparate. Anhelaba poseerlo, hacer sonar sus brillantes cuerdas produciendo una melodía armoniosa, la más hermosa jamás escuchada por el oído humano.

Pero su familia era pobre, y eso desechaba toda posibilidad de tan siquiera rozarlo, aparte de que ni siquiera se le había ocurrido mencionárselo a sus padres.

Aquella noche, el violín apareció en sus sueños…o quizá en sus pesadillas. Se removió inquieto toda la noche, sin pegar ojo, en las oscuridades de la ruinosa casucha en la que tenían el lujo de vivir. Poco a poco empezó a aceptar las cosas, a resignarse. Nunca lo iba a tener, estaba fuera de su alcance. Rezó para que al día siguiente el violín hubiera desaparecido de la tienda, y estuviera en manos de algún afortunado niño de padres adinerados que le habían permitido el capricho.

A la mañana siguiente, al despertarse, descubrió un gran paquete a los pies de su lecho. Huelga decir que era el violín. Exactamente el mismo que el de la tienda... Le pareció algo impensable; no había dormido en toda la noche, tendría que haberse dado cuenta de que alguien entraba en la casa...Pero no le importaba.

Llorando de felicidad y con una sonrisa de oreja a oreja, lo abrazó con todas sus fuerzas, como si le fuese la vida en ello. Sin duda, ese día fue el mejor de su vida, a parte de que le enseñó una sabia lección que, años más tarde, aún repetiría a sus hijos y nietos: Siempre se debe tener fe, esperanza en nuestros sueños…pues nunca se sabe cuándo los veremos cumplidos.



Besoss!!


Alma Errante



14 de diciembre de 2009

¿Por qué hacerlo?


¿Por qué escribir?




¿Por qué pasarse horas en compañía de un bolígrafo y papel escribiendo, tachando, repitiendo, pensando, devanándose los sesos...? ¿Por qué intentar plasmar en papel todos nuestros sentimientos y todas nuestras ideas o sueños? ¿Por qué buscar las palabras más bellas y armoniosas que existen para endulzar nuestros escritos? ¿Es que acaso existe alguna ley que nos obligue hacerlo? Decidme, ¿por qué pasar así el tiempo?

Parece un trabajo de locos, ¿verdad? Escribir para ti mismo, para que nadie lo lea.

¿Pero por qué yo? ¿Por qué lo hago?

  • Escribo porque me levanto cada mañana y al acostarme cada noche, todo sigue igual en mi cabeza. Nada nuevo ha roto la monotonía... y entonces sólo me queda imaginármelo. Necesito plasmarlo en papel, depositar cada una de mis emociones y sentimientos, embotellarlos en una botella de papel y no dejar que nunca se estropeen. Necesito imaginar otras vidas, otros mundos.
  • Escribo porque lo necesito. Es una necesidad tanto mental como fisiológica con la que he nacido. En mi alma siento la necesidad de contar historias, emocionar a la gente, verles reír o llorar, hacerles ver que no todo está perdido en esta vida y que, si nos apoyamos mutuamente, esta guerra está vencida.
  • Escribo porque la memoria es traicionera e inconstante y somos capaces de olvidar hechos personales importantes que no merecen quedar confinados en el fondo del baúl.
  • Escribo porque temo las manchas de tinta en el papel blanco de la vida. A veces no se puede pasar página, ni cerrar el libro para abrir otro más apetecible o agradable... El camino de la vida es muy empinado y agotador y sólo el mundo decidirá su duración, así que debemos hacer lo posible porque nuestra vida sea grata y pacífica.
  • Escribo porque es mi método secreto de desahogo...A veces me ha llegado a caer alguna que otra lágrima haciéndolo. Me encierro en mi habitación, me siento en el escritorio, cojo una hoja de papel y un bolígrafo y comienzo a liberar mi estrés, haciendo que poco a poco me vaya sintiendo mejor...hasta que finalmente ése papel puede tener un futuro próspero (acabar en mi carpeta) o uno nefasto (acabar en la papelera). Escribir me ayuda a ver la luz en la más oscura de las noches.
  • Escribo porque necesito alguien a quien contarle todas estas historias, alguien en quien confiar plenamente y en quien depositar mis esperanzas.
  • Escribo porque algún día me gustaría que mi historia crease una sonrisa de oreja a oreja en el rostro de algún niño.
  • Escribo porque me gustaría ser conocida por cómo escribo, y no por mi aspecto físico o por ser pariente de alguien famoso. Ser conocida por mérito propio, por el fruto de toda una vida de trabajo.
  • Escribo porque mi sueño es ser escritora...aunque eso supongo que ya lo habréis adivinado.
  • Escribo porque... ni yo misma sé decirlo, sólo sé que esa calidez que recorre mis venas al escribir no es producto de mi imaginación.

(Sé que pocas personas os habéis leído este tostón (necesitaba desahogarme), pero os agradezco muchísimo a las que os habéis parado a hacerlo^^)

Besos,

Alma Errante

18 de noviembre de 2009

¿Por qué correr?



Era una noche fría de verano. La oscuridad, helada y húmeda, hostil y despiadada, envolvía todo el jardín en un denso manto del que ni siquiera la más bella e inocente rosa podía huir.

Una neblina acuosa y opaca rodeaba los arbustos, los árboles…y la rodeaba a ella, en un furtivo abrazo letal.

En medio del frondoso jardín sólo se oía el chapoteo irregular que producían sus descalzos pies al pisar los profundos charcos de lluvia entremezclado con el leve murmullo de una ligera brisa nocturna que zumbaba entre los árboles y que hacía estremecer hasta el más mínimo hueso de su ser.

Sus pasos eran muy presurosos, corría como nunca antes lo había hecho en toda su vida. En su alma sentía un agudo pinchado de temor. Temor por haber llegado demasiado tarde, a pesar de que ya estaba segura de que así era.

Una ligera llovizna comenzó a descender del cielo y le nubló la vista, haciéndole más ardua aún la carrera.

El inextricable parque de olmos se le estaba haciendo interminable, tenía la sensación de llevar recorriéndolo horas y su respiración ya no podía mostrarse más agitada. Absorbía el aire a grandes bocanadas, pues no se atrevía a parar a recuperar el aliento.

En sus brazos comenzaron a aparecer franjas ensangrentadas, obra de los espinosos rosales que se cruzaban en su camino.

Pero ella corría, sabía perfectamente, o se podía hacer una idea, de cuánto mal encontraría en la meta de su carrera. Y, desde luego, no era nada comparable con la gloria.

Sus ojos no querían verlo; su corazón, sentirlo. El desolador espectáculo que tendrían que presenciar, cada vez estaba más cerca.

Sus manos, entumecidas, recogían las faldas de su camisón de color salmón para evitar tropezarse con las raíces de los árboles. Sin embargo, su mano derecha, mucho más tensa, portaba un papel arrugado y manuscrito que la lluvia ya había hecho ilegible. Ese papel, en apariencia insignificante, había sido el causante de su precipitada salida al exterior en ropa de dormir.

Vislumbró la recortada silueta de la fuente, indicadora del fin de su angustiosa carrera. En pocos segundos logró alcanzarla.

De pronto, sus piernas se detuvieron y le flaquearon, haciéndola caer de rodillas sobre el profundo barro.

Entrecerró los ojos, escandalizada.

Emitió un sonoro quejido y se desmoronó en chillidos e improperios.

Allí, bajo las reverberantes aguas de la fuente…

…una mirada perdida, mirando sin mirar, a todas partes y a ninguna…

…unos rebeldes bucles castaños que enmarcaban un mortecino—en otro tiempo dulce y bello—rostro, yacían flotando a su alrededor, dándole un aspecto siniestro y sobrenatural…

…y un pesado vestido hecho jirones y embarrado, que aún cubría su frágil y esbelto cuerpo…

Allí, sumergido bajo las cristalinas y turbias aguas de la fuente, yacía el inanimado cuerpo de Laura Strauss.


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Aquí os dejo uno de mis relatos cortos. Durante un tiempo estuve buscándole continuación para extenderla y escribirla en forma de novela, pero todas las hipótesis que barajé no tenían mucho futuro, y lo máximo que llegué a extenderla fue a unas 20 páginas U.U Pero aún sigo buscándole solución a la muerte de Laura Strauss...^^



Besos*

16 de noviembre de 2009

Pesadillas


Todo estaba muy oscuro. Intuía que estaba en una habitación cerrada; ni un mísero soplo de viento correteaba por la estancia. No hacía calor, pero tampoco frío.

Estaba de pie. Esperaba a algo…o a alguien. Ni yo misma lo sabía a ciencia cierta.

Un gruñido sonó a mis espaldas.

Giré rápidamente, pero no vi nada. Era todo negro.

Podía sentir su presencia. Comencé a temblar inconscientemente.

Oí un ruido de pasos, pero no eran unos pasos normales. Eran diferentes, afelpados, casi intangibles.

Estaba más cerca, lo percibía.

Noté su frío aliento en mi nuca.

Quise gritar, correr, escapar de sus garras.

Pero ya era demasiado tarde. Mis piernas se hicieron de gelatina.

Posó una de sus manos en mi hombro derecho. Era peluda y rematada en uñas afiladas e intimidantes.

Intenté dar un paso adelante, pero mi cuerpo no respondía.

Mi corazón comenzó a latir descontrolado.

Se rió. Se rió de mí.

– ¿Por qué no le hiciste caso, Julie?

30 de octubre de 2009

Relatos de un Alma Errante (o sea, yo misma :)

Sobre la corrompida ciudad de Alix, el cielo encapotado amenazaba tormenta. Las callejuelas se habían ido vaciando rápidamente de transeúntes intranquilos por el oscuro matiz que pintaba el horizonte.

En la Plaza de la Amargura, algunos comerciantes rezagados cerraban sus tiendas para escabullirse a sus casas con premura; un par de vagabundos se dedicaban a permanecer sentados en el frío suelo de piedra esperando a lo que fuera a pasar, sin lugar alguno para cobijarse de las inclemencias meteorológicas.

En una esquina, un infortunado juglar recogía sus juegos malabares y las escasas monedas que había ganado en un saco de tela ajado.

De repente llegó un guardia de la corte del rey corriendo y girando la cabeza hacia todas las direcciones en busca de algo. El hombre, acalorado y nervioso, se detuvo un instante en la plaza y, dudando, se dirigió hacia el juglar.

–Perdóneme que le moleste, pero es un asunto de máxima urgencia… ¿Ha visto pasar a una persona con una capa larga y negra?

El muchacho alzó la vista hacia su interlocutor; pareció un tanto perplejo ante aquella pregunta.

– ¿Si he visto pasar a una persona encapuchada? –Se rascó la cabeza, sonriendo –. Señor, con los indicios de tormenta que refleja el cielo… Sí, he visto a personas encapuchadas, y no sólo a una, sino a cientos en toda la tarde. Acaso pretende que me fijase sólo en una?

El juglar sacudió la cabeza, divertido ante la estúpida pregunta de aquel hombre y volvió a ocuparse de lo suyo. El guardia le dirigió una repugnante mirada al muchacho.

– ¡Insolente! –le escupió en la cara con maldad –. Si no estuviera en un caso urgente, te aseguro que te llevaría apresado por tu insolencia.

– ¡Señor!

El guardia dio media vuelta y observó que uno de sus hombres corría hacia él desde el otro extremo de la calle. Se dirigió rápidamente hacia él y esperó a que su compañero retomase el aliento.

–Señor…

– ¿La habéis encontrado?

–No, señor. Mileon se está ocupando de las calles del norte y Dedrik de las del sur, pero aún no la hemos encontrado por ninguna parte. Es como si se hubiese esfumado sin dejar rastro.

El juglar, picado por la curiosidad, se aproximó discretamente hacia ellos y, en cuclillas, siguió guardando sus cosas mientras escuchaba con interés a los dos hombretones.

–Bien…No puede estar muy lejos. Registrad toda la ciudad a fondo, sin olvidaros de un solo rincón tras el que podría estar escondida.

–Sí, señor. Así haremos –musitó dócilmente.

–Esta vez no se nos escapará.

–Ojalá tenga razón, señor.

–Ahora ve y consigue que esta noche sea la última de caza.

Ambos estallaron en carcajadas de regocijo y luego se separaron tomando caminos opuestos.

El joven juglar, que no se había perdido ni una sola palabra, se rascó la barbilla, pensativo. La lluvia comenzó a caer en la ciudad, y a lo lejos se oyeron los primeros truenos. El joven se llevó el saco al hombro y se internó en las umbrías callejuelas, fundiéndose entre las sombras.

5 de octubre de 2009

Sola...

Silencio. Estoy sola frente a la única escapatoria posible... La soledad me rodea con maldad, no quiere ayudarme, no quiere salvarme, sólo observa el espectáculo con interés y burla. El precipicio que se abre bajo mis pies intenta hacerse el duro conmigo, y nunca mejor dicho..., observo las escarpadas rocas sobre las que me despeñaré y un nudo se me forma en la garganta, dificultándome la respiración. Puede que, al fin y al cabo, pueda morir asfixiada y logre ahorrarme el sufrimiento...Esa imagen me nubla la mente.

Morir. Una palabra que hace unas milésimas de segundo significaba libertad, y ahora me parecía apocalíptica.

- ¿Es que no le importo a nadie? -grito, y el eco me devuelve mis propias palabras como respuesta.

No sé si mi subconsciente abriga la esperanza de obtener respuesta, en realidad no sé ni por qué grité, ni por qué grité lo que grité. Un cacao mental. A lo mejor hasta muero de confusión mental...o de locura, que viene siendo lo mismo.

De nuevo mi vista va a parar a cien metros más abajo, a las rocas, a mi dolorosa muerte. Un sudor frío me recorre la columna vertebral. Me pregunto cuánto tiempo tardaré en echar mi último aliento desde que llegue a las piedras. ¿Podré experimentar la sensación de volar mientras no llegue abajo? ¿Eso que noto es alegría? No, supongo que no, que ya estoy medio muerta. A lo mejor ya me tiré por el precipicio y ahora soy un fantasma. Sería bueno que mi cerebro fuera capaz de creerse eso...

No hay vida después de la muerte, con lo cual no sé si alegrarme o entristecerme... Podría morir y volver a tener la misma vida, y entonces tendría que volver a suicidarme y....¿Habría otra vida después de la segunda muerte?

¡Pero bueno! ¿En qué diablos estoy pensando? ¿Por qué aún no me tiré? Está claro que no sirvo para esto.

"Va a ser una muerte rápida", me repito a mí misma tres veces.

No me queda otra opción: ahora o nunca.

Despego un pie del borde del precipicio y lo levanto en el aire manteniendo el equilibrio. Espero un instante a que venga una ráfaga de aire y me empuje, pero no llega y empiezo a impacientarme. Comprendo que debo hacerlo yo misma.

Cierro los ojos y me inclino hacia delante para caer.
Ya no siento el suelo bajo mi pie, espero a la caída con el corazón en un puño...pero no llega. "¡Qué rápido ha sido! Y ni siquiera noté el golpe." pienso felizmente.

Pero de alguna forma me siento viva.

Abro los ojos poco a poco y observo que estoy colgada del precipicio por una pétrea mano que me agarra con fuerza de la muñeca.

Se asoma un instante. Sus ojos brillan, me sonríe, pero yo veo tras su expresión que está realmente asustado, preocupado por mí.

-Si te tiras, yo me tiro -me dice, y mi corazón late desbocado al oír de nuevo su voz.

Unas lágrimas silenciosas y cristalinas fluyen por mis mejillas...




4 de octubre de 2009

Desengaño

-Jackson...lo siento mucho -musité.

Continuó con expresión impasible, con la mirada fija en el horizonte, sin dar la mínima señal de emoción.

-Por favor, dime algo...-insistí con voz débil.

La cabeza comenzó a darme vueltas. Cerré los ojos e inspiré antes de pronunciar aquellas palabras que pugnaban por salir de mi interior.

- ¿Ya no me quieres?

Una leve arruga cruzó su ceño, posó la vista en sus pies distraídamente.

-Aún no lo sé.

Las palabras me atravesaron como dardos de hielo. Todos mis temores salieron a la luz de una manera catatónica, brusca y cruel.

Dio media vuelta. Se subió en su moto. Se alejó de mi mundo con la misma rapidez con la que había entrado. Un sudor frío me recorrió la espalda, un dolor punzante en el pecho dio constancia de la parte de mi corazón que se había llevado.





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